6 de septiembre de 2014

5341.- VENCER LA TENTACIÓN DEL ODIO



5341.- VENCER LA TENTACIÓN DEL ODIO

 De la misma manera que quiere hacernos aparecer como culpables con trampas, mentiras y engaños para que otros nos odien, puede tentarnos a nosotros para que odiemos y despreciemos a otros y/o a Dios.

 Siempre hace lo mismo, infunde la fuerza irrefrenable del odio, una furia infernal insoportable, nos maltrata, castiga y hace padecer, a la vez que infunde pensamientos obsesivos, odiosos, resentidos tentándonos para ejercer una venganza.

 Nos envuelve, quiere arrastrarnos, llevarnos, es como un remolino, huracán, arrebata, alza con furia, pero una vez que hemos cedido, odiado, escupido el veneno, nos desmoronamos, caemos y aplastamos contra el suelo como si verdaderamente un huracán nos hubiese alzado y después dejado.

 Es difícil vencer la tentación del odio porque parece justo odiar, necesario, urgente, parece una legítima defensa contra una insoportable opresión, castigo, humillación. Es difícil de vencer porque en definitiva no queremos vencer esa tentación, se impone el deseo de odiar, aborrecer, despreciar y maltratar.

 Lo que debemos hacer es el gran esfuerzo de dirigirnos al Señor, de pedirle que nos libere, aunque se un pensamiento en tal sentido o un elevar el corazón, hasta con una mirada es suficiente.

 Esto es así porque esta tentación es muy fuerte y es muy poca la voluntad de resistirla, combatirla, repudiarla, rechazarla, es mas la voluntad de cederla y satisfacerla.

 A veces es necesario crucificarse, místicamente por supuesto, para no ceder y para poder hacer el esfuerzo de vencer esta titánica tentación infernal. Otras veces no se puede mas que desviar el golpe, es decir, buscar un descargo, un alivio, un acto por despecho que no sea perjudicar a otros ni odiar a Dios como golpear la pared.

 Considerar que el adversario se echa encima, nos oprime, maltrata y castiga, nos hace sufrir, padecer un real infierno y luego nos representa como culpables a otros y a Dios mismo para que enfoquemos el odio, lo descarguemos, le demos paso.

 Considerar que no debemos hacernos canales de maldición, o sea, instrumentos del adversario, si quiere odiar, que lo haga él, que lo hagan los suyos, nosotros debemos resistir la tentación y perseverar por nuestro bien y por el bien de otros que se salvarán ante este sacrificio de real negación de sí mismo.

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