28 de septiembre de 2014

5934.- TENTACIÓN EN LA QUE SIEMPRE CAEMOS



5934.- TENTACIÓN EN LA QUE SIEMPRE CAEMOS

 La manera de librarse de la presión de la humillación y de los tormentas que acostumbramos es la de odiar, despreciar negarnos a amar. Recordar que El Señor recomendó el amor a los enemigos.

 Amor a los enemigos no implica adoración, tampoco enfermiza sumisión, sino que haya perdón y no odio, pero sí un sano deseo de verse libres de su opresión.

 No se los puede odiar, maldecir ni trabajar para su mal, pero tampoco tenemos que ayudarlos salvo encargo o pedido especial del Señor al respecto para humillarnos mas y hacernos generar un amor difícil, espíritu de amor a los enemigos.

 Tal ayudarlos no es a que consigan lo que quieran, eso ni lo sueñen, es para evitar que se pierdan, o para que si se llegan a perder, no caigan mas abajo todavía en el infierno.

 No debemos perder el tiempo considerando estas cosas, renegando o queriendo las hacer encajar en nuestros conceptos de justicia, debemos mirar lo que Dios quiere y obedecer, aprender a tener paciencia y perseverar en la Fe, cuando sea el momento seremos liberados, cuando acabemos de pagar lo que debemos seremos libres, y si seguimos generando deuda, no seremos libres nunca.

 A veces es conveniente liberar la presión del odio, de la bronca, pero no pasar a mayores y no ponerle las manso encima a otros, tampoco maldecir. Si maldecimos nos asociamos al adversario y éste nos da fuerza, asiste, confirma que tenemos razón, pero nos va envolviendo y a cada instante se a infiltrando y nos va llenando de mas odio.

 No debe haber odio de manera alguna, no sabemos bien lo que ha ocurrido con otros ni la razón por al que son así. Considerar que la victoria sobre nosotros mismos esta en no odiar a otros por mas repugnantes que nos resulten.

 Considerar que la tentación mas fácil para hacernos que tiene el adversario es la del odio, en esa caemos fácil y rápidamente, entonces, ahí tenemos que empezar a vencerlo no odiando, renunciando a nosotros mismos.

 Esto destruye el orgullo y aniquila o consume la paciencia, pero ahí es donde podemos llegar a ser verdaderamente libres. Si queremos llegar a ser verdaderamente dueños de nosotros mismos, tenemos que vencer esta tentación del adversario para que no pueda arrastrarnos de las narices como siempre al abismo.

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