1 de noviembre de 2014

6816.- PERSONA SIN MADURAR



6816.- PERSONA SIN MADURAR


 Nos tenemos lástima, auto-compadecemos, pensamos obsesiva e inútilmente en nosotros mismos, nos hallamos aislados del mundo, apartados de la realidad, solo y exclusivamente pensamos en el ‘yo’.

 No hemos salido de nosotros mismos, no nos hemos apartado de esa nada miserable que somos, jamás dejamos de pensar en satisfacernos, conformarnos, no hemos siquiera concebido la idea de no vivir para nosotros. Somos esclavos de ese ego infernal que hemos generado.

No hemos crecido, madurado, por ello no tenemos consciencia de lo que hay u ocurre en derredor, jamás salimos de nosotros mismos, no hicimos mas que vivir para conformarnos, satisfacernos, saciarnos, y así es como hemos forjado un ego insaciable.

 No hay nada en nosotros, solo orgullo, delirios, egolatría, fantasía, caprichos, ambiciones, necesidades. Estamos obsesivamente conscientes de nuestra inconsciencia, o sea, no hacemos mas que pensar enfermizamente en nosotros mismos.

 Jamás nos hemos despegado, desapegado, lo único que hacemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos es pensar en el ‘yo’, como si fuese una obsesión, fijación, volviéndonos nuestra única preocupación, dedicándonos solo a ese yo-ego.

 Por ello es que hay nada en nosotros, no hemos acumulado mas nada, no formamos, no forjamos, no hicimos otra cosa, solo pensamos en nosotros mismos.

 Después lidiamos con los problemas de esta inutilidad, incapacidad en la que nos hemos convertido, de nuestro ser toscos, duros, deformes, torpes, sin capacidad de apertura, sin capacidad de relación.

 Estamos como atados, encamisados, encapsulados, dominados por nuestro yo-ego, no podemos salir de su fuerza de atracción, succión, nos tiene, retiene, no podemos siquiera darnos vuelta para ver otra cosa, y mucho menos a alguien.

 Menos aun podemos mirar a Dios, buscarlo o prestarle atención, porque este ego teme por sí y nos domina, somete, distrae, reclama, demanda y exige atención, adoración, adulación, servicio como el cerdo celoso que es.

 Debemos romper su fuerza de succión, atracción, de lo contrario nos devorará en vida y jamás saldremos de nosotros mismos, terminaremos enterrados en su abismo y eso seremos por toda la eternidad, nada, un agujero vacío que va a seguir demandando adoración, satisfacción, conformidad, una persona sin evolucionar, desarrollar, madurar, crecer, semilla que se pudrió y no germinó.

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