10 de noviembre de 2014

OFRECE OPORTUNIDADES DE VENGANZA, VENCER LA TENTACIÓN ODIOSA



OFRECE OPORTUNIDADES DE VENGANZA, VENCER LA TENTACIÓN ODIOSA


 Si nos ofrece el adversario la oportunidad de vengarnos contra nuestros enemigos, demuestra la desesperación que tiene por ser elegido. Llega a hacer cualquier cosa con tal de que lo aceptemos, miremos, tomemos en cuenta, le prestemos atención.

 Es una horrible tentación porque nos recuerda el odio que nos vomitaron, lo que nos hicieron padecer, todo lo que hemos sufrido por causa de ellos, a la vez que nos da la oportunidad de acusarlos, hundirlos, odiarlos, o de abandonarlos, desecharlos, tirarlos, dejarlos a merced de una ruina infernal.

 Mientras esto ocurre, golpea, humilla, castiga y azota a nuestro ego, porque así genera orgullo y también ahí aprovecha para infundir odio, dar fuerza para la venganza.

 Nos coloca ante una situación única, simbólicamente sería como tener al peor enemigo en nuestras manso y la posibilidad de destrozarlo, mientras que nos da la fuerza y nos recuerda los motivos por los que debemos cobrarnos venganza.

 Acá es donde tenemos que vencer la tentación del odio, renunciar a nosotros mismos, a la propia voluntad, dar muerte al orgullo y no odiar, no perjudicar, tampoco abandonar o dejar a merced de quienes los podrían destrozar.

 Lo que debemos hacer es lo que específicamente El Señor indique en cada situación, orar, interceder, defender, purificar, proteger, etc., por esas personas. No hay que hacer ni mas ni menos, solo lo determinado y específico que El Señor pida.

 Supone el adversario que acá vamos a elegirlo, seguirlo y despreciar a Dios, cree que es una victoria segura.

 Dios lo permite para probarnos, para darnos una oportunidad de vencernos a nosotros mismos y de vencer a todos los enemigos espirituales legando a hacer algo verdaderamente grande, algo grande espiritualmente, no según el mundo que va al revés.

 A veces puede presentarnos a Dios como enemigo, porque puede venir instigando la rebeldía contra Él y el deseo de elegirse a sí mismo volviéndonos insufrible el camino, haciéndonos padecer como condenados no estándolo, y ahí, ofrecernos una salida, un camino alternativo, una oportunidad de renegar de Dios y de buscar alivio, consuelo, fin de los tormentos en ese camino alternativo, lo que sería una venganza contra Dios, contra lo que Él quiso, aquello en lo que sufrimos como condenados.

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