24 de diciembre de 2014

AL FINAL SIEMPRE TENEMOS A JESÚS Y A JUDAS, ABEL Y CAÍN, JACOB Y ESAÚ



AL FINAL SIEMPRE TENEMOS A JESÚS Y A JUDAS, ABEL Y CAÍN, JACOB Y ESAÚ


 La humanidad es para Dios un hijo al que va educando, formando, haciendo crecer, madurar, y cada uno es parte de eso, debe colaborar en la evolución, maduración espiritual.

 Puede progresar mucho materialmente la humanidad, pero si no progresa espiritualmente, la verdad es que no ha avanzado, no ha progresado, incluso hasta puede estancarse e involucionar espiritualmente.

 Desgraciadamente esto es lo que esta ocurriendo, la humanidad se enorgullece de progresos científicos y tecnológicos, pero si se mira su interior se ha reducido a un estado deplorable, infernal, grotesco, en el que las almas llegan a ser peores que demonios.

 En cada época Dios, Nuestro Padre y Creador, determinan el crecimiento, la evolución que quiere obtener, cosechar de la humanidad, el progreso espiritual al que quiere llevar a su criatura predilecta. Ahí es donde cada uno tiene responsabilidad, parte, deber.

 Considerar que el progreso espiritual propio aprovecha a todos, así como el retroceso perjudica también a todos porque todos somos parte de la misma humanidad, hay una responsabilidad solidaria, o mejor, todos los humanos somos uno, como células de un mismo cuerpo.

 El problema llega cuando la perversidad, corrupción, inmundicia, depravación, degeneración, ruina, etc., de las almas es tal que torna imposible vivir a las que desean amar y responder a Dios, ahí es donde Dios interviene realizando juicio, una obrando separación.

 En ese momento pone límites a los perversos, paredes invisibles en las que quedan encerrados, aislados, como el cuerpo que genera anticuerpos aislando la podredumbre que no puede curar ni purgar.

 Así es como al final de cada proceso quedan separadas almas a derecha e izquierda del Señor, quedan definidos, determinados dos pueblos, dos cuerpos, cuando debería haber uno, pero es imposible porque no se van a seguir beneficiando los cerdos inmundos ególatras y perversos al robarles vida a los que desean seguir y obedecer a Dios.

 En los corruptos, inmundos, inconversos, ególatras, viciosos, orgullosos, reina satanás, prevalece o impera la muerte eterna y corren a corromperse y estropearse mas, mientras que en aquellos que aman a Dios, Reina El Señor y adquieren Vida Eterna.

 Al final siempre tenemos a Jesús y a judas, Abel y caín, jacob y esaú, etc.
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