28 de diciembre de 2014

VERDADERA MADURACIÓN = VERDADERA LIBERACIÓN



VERDADERA MADURACIÓN = VERDADERA LIBERACIÓN


La persona dominada por el miedo a ser despreciada se autodisciplina y esfuerza sacrificando su crecimiento, evolución, maduración para adaptarse a lo que se tiene como bueno, a la vida en sociedad, en la sociedad predeterminada.

 Se sacrifica para ingresar a la sociedad en la que debe esforzarse para no ser ignorada, despreciada, olvidada, pasar desapercibida.

 Así es como no madura, no crece, no se desarrolla, no progresa, no genera una personalidad real, propia, no madura no crece como hija de Dios, se convierte en una hija-esclava del mundo que determina lo que es y hace sometiéndola, deformándola y transformándola a imagen y semejanza de demonios, consagrándola al infierno luego de revolcarla en el mundo y condenándola para siempre a la perdición eterna.

 Acepta cualquier cosa con tal de no ser ignorada, despreciada, para no quedar afuera del grupo, entorno, sociedad, mundo, y es así como es controlada por quien ha creado ese grupo, entorno, sociedad, mundo sin Dios.

 El miedo la domina, somete, doblega y eso lo saben los demonios y lo aprovechan exigiéndole aquello que la perjudica, que la vuelve mas ególatra, centrada en sí, mas olvidada de Dios, y por ello, mas miedosa, preocupada por sí y sumergida en el abismo.

 Mientras siga teniendo miedo, mientras continúe preocupándose por sí, va a poder ser engañada, dominada, convencida de las mentiras que a los demonios se les antoje decir determinando de esta manera ellos su conducta, imponiéndole la voluntad que desean, haciéndola hacer o no hacer a su gusto, antojo y conveniencia.

 Conservar la Fe en este mundo sin fe librando un verdadero combate espiritual es madurar, crecer, independizarse, es ser libre.

 La Verdadera Fe consiste en buscar la Voluntad de Dios, discernirla y obedecerlo, seguirlo en lo que específicamente quiere, pide, inspira, revela. No es fe practicar una religión como las que se ofrecen en el mundo en estos tiempos donde ha prevalecido la gran apostasía.

 Las religiones han pedido la fe porque confían en sí y se dedican a sí, porque se han olvidado de Dios y no disciernen Su Voluntad, y consecuentemente, no lo obedecen.

 Incluso hasta llegan a llamar ‘fe’ a la confianza en sí que es lo mismo que enseñan las doctrinas abiertamente satánicas, y por supuesto la misma new age que es satanismo.

 El mundo esta controlado por satanás, se impone la apostasía, creer verdaderamente es tenido como un acto de rebeldía, por ello quienes lo hacen son perseguidos.

 Son perseguidos por los demonios que temen perder el control y por quienes en el mundo se han vuelto títeres de éstos. Así es como las personas que desean tener fe verdadera se convierten en mártires de estos tiempos.

 Desarrollar una verdadera Fe, perseverar en ella es la forma de crecer, madurar y no quedar estancado en el corral que es el mundo sin Dios en el que las almas se preocupan por sí mismas, se encierran en sí, se ahogan en su propia miseria deformándose como demonios.

 Si nos esforzamos por buscar a Dios, seguir al Señor, estamos liberándonos de nuestros enemigos, vencemos el miedo que es la muerte y purgamos la rebeldía, no pueden controlarnos por mas que nos presione y ataquen desde afuera porque vencemos al traidor interno que es el que nos entrega a ellos.

 Considerar que satanás y los demonios son iguales, temen por sí, por ello es que se desesperan por dominar, controlar, someter, de ahí que, cuando nos esforzamos por obedecer a Dios, comienzan a desesperarse porque comprueban que no tienen poder y que no pueden dominarnos, ahí beben su veneno, se ahogan en su miedo y terminan autodestruyéndose.

 Siempre la obediencia a Dios vence a los enemigos espirituales, los derrota, humilla, hace retroceder. Siempre la obediencia a Dios requiere sacrificios, esfuerzos, negaciones, pero es ahí donde el ‘yo’ controlado por el adversario es derrotado, vencido y purgado surgiendo un nuevo ‘yo’, una nueva personalidad, un nuevo espíritu, el de hijos de Dios, y es ahí donde realmente llegamos a madurar desarrollándonos plenamente, llagando a ser aquello para lo que fuimos creados, hijos de Dios, fuentes de amor.

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