3 de enero de 2015

NO HAN MADURADO AUNQUE HAYAN PROGRESADO



NO HAN MADURADO AUNQUE HAYAN PROGRESADO


 Quieren las almas pasar sobre la faz de la tierra como abominables demonios dedicadas a la inmunda egolatría narcisista infernal, empeñadas en saciar su ego, conformar su orgullo y satisfacer vicios.

 Quieren deformarse, corromperse, satisfacerse en el ego, conformar vicios y saciar sus ambiciones, desean internarse en tinieblas hasta pudrirse en vida, deformarse y asemejarse a demonios.

 Verdaderamente desean pasar por la tierra perdiendo el escaso tiempo que tienen empeñándose en corromperse, arruinarse y volverse abominables.

 Desean creer que son diosas, reinas, exigen ser adoradas, servidas, obedecidas, demostrando de esta manera que son ególatras infantiles, verdaderamente inmaduras que no han amado ni quieren hacerlo, razón por la que no crecen, no progresan, no evolucionan.

 Quieren creer que evolucionar, progresar es lograr adelantos tecnológicos, pero por mas tecnología que haya las personas continúan evolucionando, creciendo y madurando cuando aman, y no a cualquiera ni a cualquier cosa, sino a Dios.

 Como no aman a Dios, ni les interesa, quedan inmaduras, sin progresar, son como una semilla sin germinar, por ello es que se pudren en vida convirtiéndose a sí mismas en descartes abominables.

 Se envuelven con orgullo, quieren creer que no necesitan de Dios, que no les hace falta, y esto porque tienen miedo, porque no pueden controlarlo, someterlo, ponerlo a su disposición.

 Se hunden-encierran en sí dedicándose a la egolatría, no adoran a Dios, se convierten a sí mismas en diosas, luego, quedan limitadas a su mundo egoísta, miserable, reducido, corrupto y abominable dominadas por el miedo, sometidas por esas tinieblas en las que se pudren.

 Como están vacías, desoladas, sin Dios, consumiendo su propia vida hasta autodestruirse, son presas del terror, su orgullo es su miedo, su preocupación, ese obsesivo pensar en sí que las vuelve en cerdas ególatras desesperadas por lograr aceptación, reconocimiento, adoración.

 Olvidadas de Dios, dedicadas a adorarse y a hacerse adorar, se cubren de tinieblas, se ahogan en la propia miseria, se dejan dominar por el miedo para acabar por convertirse en histéricas infernales desesperadas por imponerse, prevalecer, reinar, dominar, imperar, etc.

 Se deforman a imagen y semejanza de demonios, pero en su delirio orgulloso sostienen que son perfectas, diosas, reinas.

 Su misma fragilidad, debilidad, inconsistencia las domina, somete, vence, aplasta, socava y termina hundiéndolas mas aun en tinieblas, en su propio vacío abominable, en ese olvido y negación de Dios.

 Aunque pasen los años, aunque progresen tecnológicamente, aunque logren títulos de grado, académicos, doctorados, las personas continúan siendo inmaduras e involucionadas porque no han amado a Dios ni les interesa hacerlo, solo son ególatras infantiles que se desesperan por demostrar autosuficiencia para lograr adoración, atención, admiración.

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