18 de abril de 2015

SOLO DIOS PUEDE RESCATARLA



SOLO DIOS PUEDE RESCATARLA


 Debemos dejar de querer controlar a Dios, hay que aprender a morir a sí mismo.

 Tenemos que dejar de pretender prevalecer sobre Él y aceptarlo. No importa lo crudo que sea, no importa lo amarga que sea la realidad.

 Tenemos que sufrir como malditos condenados aprendiendo a no odiar, porque hay que aprender a sufrir.

 La tentación del adversario es castigarnos, hacernos sufrir como condenados para imponernos que odiemos, para hacernos cómplices de su voluntad.

 Podemos rechazar tal tentación una vez, dos veces, tres tal vez, pero a cada instante vuelve a golpearnos con mas fuerza, vuelve a castigarnos y a hacernos padecer como malditos condenados para intentar ganar, para lograr imponernos su asquerosa e infernal voluntad.

 La verdad es que parece conveniente, útil, necesario odiar cuando nos toca sufrir, padecer y pasar sobre la tierra como malditos condenados. Esa es la trampa, presentar lo malo como algo necesario, conveniente, útil, oportuno.

 No todos acceden a obrar lo malo porque sí y sin reparos, entonces, la trampa del adversario es perseguir, castigar y hacer sufrir a las almas para que se desarmen, para que se desplomen y acepten odiar despechadamente, en revancha, buscando venganza y creyéndolo por ello necesario, útil, conveniente , y en última instancia, bueno.

 Todos decimos lo que es debido, lo sabemos y sostenemos, pero cuando nos toca padecer larga y sostenidamente, noche y día, como malditos condenados y encima luego de haber hecho los mejores esfuerzos y mas grandes sacrificios por seguir adelante, llegamos a un momento en el que no podemos mas.

 Ahí todo límite se quiebra, todo aguante acaba y el alma se rinde, deforma, transforma y se convierte en servidora del infierno, odia como condenada y escupe veneno como una maldita serpiente.

 Rompe toda barrera y no admite límite alguno, solo quiere odiar, escupir veneno y cobrarse venganza.

 Esto solo puede remediarlo Dios, Él solo puede ponerle límite, solución a tal abominación rescatando al alma. Solo Él puede rescatarla, salvarla, liberarla, pero en tal punto es muy difícil que el alma vuelva a Dios, por ello es necesario que se ore e interceda por ella.

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