20 de mayo de 2015

CUATRO PUNTOS DEL ODIO



CUATRO PUNTOS DEL ODIO


 El odio es siempre odio y busca un punto por el que aflorar, obra que realizar, nos traiciona trabajando desde adentro para imponernos que odiemos en alguna dirección.

 Quiere que odiemos porque así se alimenta. Se alimenta de nosotros mismos devorándonos, consumiéndonos, transformándonos en odio. Es como el cáncer en el cuerpo.

 En cuatro direcciones debemos amar, y en consecuencia, en cuatro direcciones podemos odiar: Arriba a Dios, abajo a nosotros mismos, a izquierda a los que nonos quieren y a derecha a los que nos quieren.

 Siempre busca el odio salir por uno de esto cuatro puntos cardinales, quiere imponerse, prevalecer, realizar sus obras, inclinarnos a que odiemos y no amemos.

 Comprender que si nos resulta fácil amar y no odiar en una dirección, no significa que seamos perfectos porque por algún otro lado el odio quiere aflorar, prevalecer, imponerse, dominarnos, controlarnos.

 La cuestión es irlo venciendo, purgando y liberándonos de su tiranía, dominio, sumisión, esclavitud.

 Lo vencemos al renunciar a nosotros mismos, al ponerle límites y no dejarnos llevar, al imponernos el no querer odiar cuando nos lleva por la fuerza, arrastra furioso, arrebata.

 Por supuesto que va a intentar salir y extenderse por cada uno de esos cuatro puntos, y en cada uno de esos cuatro puntos debemos vencerlo, sofocarlo, extirparlo, desterrarlo.

 Solo así alcanzaremos purificación y habremos extirpado el veneno inoculado por la serpiente infernal.

 El veneno es el orgullo, es ese delirio en el que nos creemos dioses y por el que nos justificamos para exigir adoración, servicio, postración, etc., a todos.

 Considerar que ese veneno de orgullo, cuando no consigue lo que quiere, se enciende, se da vuelta, deja su máscara seductora y se convierte en el odio que es, o mejor dicho, se deja ver tal cual es.

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