26 de julio de 2015

MADURAR, DEJAR HISTERIAS, QUEJAS Y BERRINCHES



MADURAR, DEJAR HISTERIAS, QUEJAS Y BERRINCHES


 El miedo nos domina, somete, esclaviza, se nota en la violencia y en la desesperación histérica infernal con la que nos movemos tratando de prevalecer, reinar, imperar e imponernos.

 No pensamos mas que en lo que queremos, no miramos ni buscamos otra cosa, hemos perdido la noción misma de la vida sobre la faz de la tierra.

 Evidentemente somos ególatras, inmaduros, el miedo, la preocupación por nosotros mismos nos ha vencido, doblegado, dominado, arruinado, estropeado.

 El miedo provoca esa obsesión que degenera en desesperación y que se transforma en histeria moviéndonos a tratar de reinar, prevalecer e imponernos.

 Pareciera que es sí porque sí, sin razón alguna, pero la realidad es que es por miedo, aunque lo neguemos. Estamos obsesionados, desesperados e histéricos queriendo imponernos.

 Mientras continuemos moviéndonos de esta manera vamos a seguir exponiéndonos a los demonios que podrán engañarnos, confundirnos, asustarnos, enloquecernos y conducirnos a la locura y a la autodestrucción.

 Debemos vencer el miedo con fe, aprender a renunciar a nosotros mismos, vencernos, vencer el miedo, hacer caso omiso a las sugerencias y sugestiones infernales.

 Contra lo que vemos, parece y sugieren demonios y mundo, debemos hacer el esfuerzo por creer en Dios, por confiar en Su Amor, por perseverar en la Fe negándonos a nosotros mismos.

 Con desesperación maldita infernal tanto los demonios como el mundo van a querer imponernos que perdamos la fe, por ello es que nos castigan y nos castigarán cada día peor.

 No importa lo que padezcamos, el tesoro de la Fe que Dios nos ha dado no debemos perderlo, anatema con los demonios y con los suyos en el mundo.

 Tenemos que madurar, dejar de ser histéricos, vencer el miedo, la debilidad, la preocupación por sí mismo, hay que dejar de ser histéricos inútiles que se quejan y escandalizan haciendo berrinches como nenes.

 Tenemos que madurar, salir de nosotros mismos, aceptar lo que es Voluntad de Dios y lo que no siéndolo, Él lo ha permitido.

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