18 de agosto de 2015

PARA ESTAR A LA ALTURA DE LA PREDESTINACIÓN



PARA ESTAR A LA ALTURA DE LA PREDESTINACIÓN


 Dios nos da una Bendición, realidad un Don, nos dona una porción de Él mismo, de su Espíritu y es ahí donde tenemos la vocación, porque eso debemos buscar y a Él nos tenemos que entregar.

 Podemos no hacerlo, y de hecho ya nadie lo hace. Cada uno hace lo que se le viene en ganas en el mundo dejándose robar la Vida Eterna por los demonios.

 Algunos dicen y hasta creen que se entregan a Dios, pero solo hacen cualquier cosa y llaman a eso ‘consagración a Dios’, son hipócritas que se engañan a sí mismos.

 Para buscar a Dios verdaderamente hay que discernir Su Voluntad. Para amar a Dios verdaderamente hay que consagrarse, entregarse, ponerse enteramente a su disposición.

 Estar a disposición de Dios es entregarse y entregarse es amar. Solo si obedecemos verdaderamente a Dios nos hemos entregado realmente. Comprender la necesidad de discernir Su Voluntad.

 Solo discerniendo Su Voluntad podemos obedecerlo verdaderamente y solo así podemos entregarnos verdaderamente. Solo si hay una verdadera entrega podemos recibirlo verdaderamente, si no hay real y total entrega, es que no amamos a Dios, y si no lo amamos, no podemos ser amados por Él.

 Solo cuando lo amamos estamos abriéndonos realmente a Él y es ahí donde podemos recibirlo verdaderamente. Si no hay apertura real, si no hay don-entrega total, es imposible recibirlo, solo nos engañamos, nos mentimos y terminamos convirtiéndonos en hipócritas.

Para que haya verdadera entrega-don de sí es necesario discernir Su Voluntad, obedecerlo y perseverar en este camino cuando los demonios se desesperan en apartarnos, arrancarnos, desviarnos, confundirnos, etc.

 Tenemos que buscar el Don que Dios nos hizo, a lo que nos ha predestinado, para lo que nos ha creado, para lo que nos ha llamado a la existencia.

 Buscar ese don no es por ambición, no es por adquirirlo o tenerlo, es a Dios mismo a quien buscamos y lo que queremos es entregarnos a Él.

 Es un deber de gratitud que tenemos para con Dios, es una necesidad entregarse, perseverar, mantenerse constantes en la obediencia, solo así llegamos a ser y a hacer lo que somos en esencia, aquello para lo que hemos sido creados por Dios.

 Tiene que crecer y desarrollarse aquello que es Don de Dios, Él mismo, su Presencia Viva en nosotros para que alcancemos el Don predestinado, para que lleguemos a evolucionar, madurar y crecer estando a la altura de Dios, entrando en Su Presencia, logrando una verdadera comunión con Él.

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