5 de septiembre de 2016

DONDE DIOS NO ENTRA, PREVALECE EL ADVERSARIO



DONDE DIOS NO ENTRA, PREVALECE EL ADVERSARIO


 El lugar que no ocupa Dios en nuestra vida, lo ocupa el adversario, se llena de vacío-tinieblas, de ausencia de Dios y es así como el alma se convierte en un infierno insufrible, insoportable y descontrolado que nos arrastra a la perdición eterna.

 Dios debe ocupar su lugar, el de Dios, el que le corresponde y así es como debe llenar todos los espacios, aspectos.

 Para esto es que debemos discernir su Voluntad y obedecerlo-seguirlo permitiéndole que vaya entrando, pasando.

 A su paso va limpiando, ordenando, purificando, reordenando y ahí es donde tenemos colaborar renunciando a nosotros mismos y permitiendo que haga el orden que quiera, que establezca el orden de su Presencia Viva y Real.

 Diariamente va entrando, pasando, purificando, liberando, conquistando nuestra vida, y esto es hasta el fondo, lo mas oscuro y profundo.

 Todos los días debemos renunciar a nosotros mismos, sacrificarnos, sacrificar la propia voluntad en el altar del corazón aceptando tener la vida que Él nos quiera dar-hacer en el mundo.

 Lógicamente que acá ocurre un combate espiritual, las impurezas se rebelan, oponen y determinan la voluntad para imponernos que rechacemos a Dios y nos opongamos a Él. También los enemigos infernales colaboran en esto con castigos, persecuciones, etc.

 Por ello es que debemos orar mucho y bien, para darle la victoria a Dios, para dejarnos ganar por Él, conquistar por Él, porque en realidad nos esta liberando, purificando, santificando y reencaminado.

 Es necesario orar, confesar la verdad delante de Él, pedirle al alma que la diga-confiese, y elegirlo siempre a Él renunciando a nosotros mismos considerando que Él Es Dios y sabe lo que hace, Él Es Dios y viene a hacernos y darnos el Bien Verdadero y Eterno.

 Donde Él no pasa, sigue aferrado el adversario, continúa establecido y desde ahí combate para arrastrarnos al infierno y para conquistar mas aspectos de nuestra vida, combate la Presencia de Dios, tironea para hundirnos en el abismo de egolatría.

 Considerar que el adversario finge ocuparse-preocupas por nosotros, interesarse por lo que queremos, pero en realidad defiende el control que ejerce sobre nuestra vida porque nos la esta robando, de ella se nutre como sanguijuela  a la vez que nos deja en ruinas, es como la corrupción en las naciones.

 Una vez mas, donde Dios no entra, prevalece el adversario, y como infelices ególatras creemos que reinamos o que hacemos lo que queremos, cuando la realidad es que hacemos lo que el adversario quiere, nos corrompemos, autodestruimos y le entregamos la vida a la muerte terna y a los demonios.


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